5.9.09

Libro de sangre

Se edita en España la recreación que Alejandra Pizarnik y el dibujante Santiago Caruso hicieron de la sádica condesa Erzébet Báthory

TORTURAS. Uno de los tormentos.

ELENA SIERRA. Los jóvenes valores, uno en las letras y otro en el dibujo. Los dos de Buenos Aires. Una mujer y un hombre que, cada uno en su campo (y en su tiempo), dejan huella. Ambos aliados a través de los años para contar, tanto en palabras como con imágenes, la terrorífica historia de Erzébet Báthory, otra que comenzó a quedar para la historia siendo muy joven (aunque no se sabría cuánta hasta mucho después). Ella fue 'La condesa sangrienta', sobrenombre que da título a la apuesta de Libros del Zorro Rojo que reúne a estos tres talentos; el último, un talento descomunal para hacer daño.

En este libro ilustrado se dan la mano el poder de una condesa sádica del siglo XVII, la palabra mágica de una poeta muerta en 1972 a los 36 años, pero con una carrera sólida desde mucho tiempo antes, Alejandra Pizarnik; y la obra gráfica de Santiago Caruso, un artista nacido en 1982 que ha ejercido ya de ilustrador para grandes editoriales anglosajonas y latinas, de portadista de revistas como 'Caras y Caretas' y que cuenta con varias exposiciones en su haber. Con 21 años era ya un artista reconocido.

Como Caruso, Pizarnik fue también una creadora prodigio. Esta bonaerense hija de emigrantes judíos europeos, tropezó con la Filosofía, las Letras y el Periodismo pero no se dedicó a ninguna de esas carreras por mucho tiempo. Lo suyo era escribir y tras vivir en París una temporada, publicó un poemario prologado por Octavio Paz. 'Árbol de Diana' fue el primer paso, seguido por títulos como 'Los trabajos y las noches', 'Extracción de la piedra de la locura' y 'El infierno musical'.

Las depresiones eran una constante en su vida, como los intentos de suicidio. El definitivo llegaría en 1972, en un permiso que le concedieron en el centro psiquiátrico en el que estaba internada. Para entonces dejaba ya una gran colección de poemas, textos en prosa, artículos y cartas. Entre los segundos, uno sobre la condesa sangrienta, inspirado por la biografía novelada escrita por la inglesa Valentine Penrose en 1962; Pizarnik estaba realmente orgullosa de este trabajo en concreto, porque nunca antes había estado tan «fascinada» por el tema y eso la había llevado a apurar en cada palabra.

Diabólica

El personaje de Báthory es, sin duda, sugerente, un imán para los escritores. Además de Penrose, lo han recuperado para la literatura Javier García Sánchez en 'Ella, Drácula'; Maite Carranza, en uno de los libros de la trilogía 'La guerra de las brujas'; y Susana Castellanos de Zubiría le dedica un capítulo en 'Mujeres perversas de la historia'. La figura de la vampiresa se ha inspirado, a lo largo de la historia de la literatura y el cine, en su figura. Joven, hermosa, loca, sedienta de sangre, omnipotente, murió encerrada en su castillo como castigo por los 650 crímenes que cometió.

No se sabe si Erzébet Bathóry sufría depresiones, pero lo que sí está claro es que su manera de hacer frente a su propio dolor era produciéndoselo a los demás. Desde niña, cada vez que tenía jaqueca (y tenía muchas y muy fuertes), se dedicaba a maltratar a los animalitos de compañía. Les clavaba agujas. Con los años, esta extraña terapia se le hizo insuficiente y entonces pasó a hacer daño a sus sirvientas, preferentemente chicas jóvenes. La aguja se convirtió, más adelante, en todo tipo de máquinas y estilos de tortura. Y eso es precisamente lo que retratan Pizarnik y Caruso en 'La condesa sangrienta': la virgen de hierro, la muerte por agua (helada), la jaula mortal, la flagelación, el fuego, el despellejamiento?

Al texto lo acompañan unas imágenes teñidas de rojo que no por terribles dejan de ser hermosas y que tienen continuación en la página web del ilustrador (www.caruso-art.blogspot.com) y varias exposiciones. Es la «belleza convulsa del personaje» de Erzébet de la que tanto escribió Pizarnik. Santiago Caruso transforma a la bella Báthory en un animal, en una 'comeniñas', en una mujer de dentadura de agujas; y a las doncellas en cuerpos sangrantes en los que aparecen flores de carne, encerrados en jaulas, congelados en la noche. Las lunas bajo las que se cometían las torturas son coronas, las vendimiadoras no pisan uvas sino huesos y el castillo de los Cárpatos es un laberinto inundado de sangre.

Y es que durante las torturas, lo importante era que la sangre de las doncellas pudiera utilizarse para que la Condesa se diera sus baños. Estaba obsesionada por conservar la belleza de la juventud y creía que sólo la sangre de chicas jóvenes podría ayudarla a ello. Mejor si eran chicas de buena familia, aunque al ritmo que llevaba de muerte se le agotaban pronto y eran bien recibidas en su castillo las hijas de los campesinos, que creían que mandaban a sus niñas a mejorar su futuro. El sadismo y la superstición se mezclaban a la perfección en Báthory, que era además el fruto de una endogamia tan acusada que los historiadores no dudan de que estaba tarada, como muchos de sus familiares.

La condesa fue descubierta y condenada a prisión perpetua en una habitación de su castillo. Sus secuaces murieron en la hoguera, pero, cuenta Pizarnik, matarla a ella también habría indispuesto a la población contra los nobles y eso no podían permitírselo. Así que vivió más de tres años sin ver la luz del sol, comunicada con el exterior sólo a través de una minúscula ventanita por la que le hacían llegar la comida y el agua. Caruso imagina su muerte: un esqueleto bien vestido, rodeado de espejos rotos; y después un demonio burlón y rojo. «Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible», sentenció Alejandra Pizarnik en la última frase de su texto.

Fuente: info.elcorreodigital.com/

3 comments:

Phantom of Pulp said...

Exquisite piece of work, Santiago.

Kel Báthory said...

Me encanta el libro, me lo compré en cuanto salió.

Colecciono todo lo que puedo de esta increible y fascinante condesa y fue realmente exquisito saber de esta obra que es realmente bella con los los preciosos textos de Alejanda.

Santiago CARUSO said...

Gracias, Kel. Veo que eres una gran fan de La Condesa. Agradezco también tu post sobre mis ilustraciones.
Un beso.

Santiago